En él podéis comer comida casera, con aroma a montaña y brasas. Si además tenéis ganar de pasear, desde el restaurante hay senderos para caminar por uno de los parajes naturales más bonitos, sobre todo en otoño, cuando todo es cubierto por hojas secas y se pueden ver colores que no has imaginado nunca.
Os lo recomiendo al 100 % si queréis pasar una buena jornada gastronómica y mi nota es de 3 servilletas.

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